¿Y si no necesitas persistir más, sino cambiar la estrategia?
Actualizado: 26 sept
EL COYOTE Y EL CORRECAMINOS
¿Cuánto tiempo más vas a perseguir tu meta con la misma estrategia?
Durante años vimos la misma escena.
El Correcaminos aparecía.
El Coyote lo veía.
Y entonces comenzaba la persecución.
Una y otra vez.
El Coyote corría detrás de él, diseñaba trampas, compraba artefactos, construía estrategias, calculaba distancias, esperaba el momento perfecto…
Y, sin embargo, casi siempre ocurría lo mismo:
el Correcaminos escapaba.
El Coyote terminaba golpeado, quemado, aplastado, cayendo por un precipicio o sentado en medio del desierto, agotado y frustrado.
Pero volvía a levantarse.
Y lo intentaba nuevamente.
Por eso, durante mucho tiempo, podríamos interpretar al Coyote como un símbolo de perseverancia.
“¡Nunca se rindió!”
“¡Siempre volvió a intentarlo!”
“¡Nunca abandonó su objetivo!”
Y sí.
Hay algo admirable en no rendirse.
La perseverancia es una virtud.
La disciplina es una virtud.
La determinación es una virtud.
La capacidad de levantarnos después de una caída también lo es.
Pero hay una pregunta que pocas veces nos hacemos:
¿En qué momento la perseverancia deja de ser fortaleza y comienza a convertirse en obstinación?
Porque existe una diferencia enorme entre persistir en un propósito y aferrarnos a una estrategia que ya demostró que no funciona.
Y ahí comienza una conversación mucho más profunda sobre liderazgo, inteligencia emocional y éxito.
PERSISTIR NO SIGNIFICA HACER LO MISMO INDEFINIDAMENTE
Nos enseñaron frases como:
“Persiste.”
“No te rindas.”
“Sigue adelante.”
“Insiste hasta conseguirlo.”
“El que persevera alcanza.”
Son frases poderosas.
Pero incompletas.
Porque casi nunca nos preguntamos:
¿Persistir en qué?
¿En el propósito?
¿En el sueño?
¿En la meta?
¿En el aprendizaje?
¿O en la misma estrategia?
Porque si una persona quiere llegar a determinado lugar y todos los días toma el mismo camino, aunque ese camino esté cerrado, ¿seguir caminando por él demuestra determinación?
¿O demuestra que dejó de cuestionar su estrategia?
El problema no siempre es que no estemos haciendo suficiente.
A veces estamos haciendo muchísimo.
Trabajamos más.
Corremos más.
Insistimos más.
Nos esforzamos más.
Nos sacrificamos más.
Nos exigimos más.
Pero seguimos obteniendo el mismo resultado.
Y entonces aparece una pregunta incómoda:
¿Y si no necesitas esforzarte más?
¿Y si necesitas pensar diferente?
EL COYOTE TENÍA UNA VIRTUD… PERO TAMBIÉN TENÍA UN PATRÓN
El Coyote nunca careció de deseo.
Nunca careció de iniciativa.
Nunca careció de creatividad.
Y definitivamente nunca careció de perseverancia.
Lo que parecía faltarle era algo mucho más importante:
la capacidad de detenerse y cuestionar el patrón.
Podría haberse preguntado:
“¿Qué estoy haciendo?”
“¿Por qué no funciona?”
“¿Qué estoy pasando por alto?”
“¿Qué tendría que cambiar?”
“¿Realmente quiero seguir persiguiendo esto?”
“¿Qué pasaría si dejo de correr detrás del Correcaminos?”
“¿Qué otra posibilidad existe?”
Pero no.
Volvía a correr.
Y volvía a intentarlo.
Y volvía a caer.
Y aquí es donde la caricatura deja de ser una caricatura.
Porque el Coyote se parece demasiado a nosotros.
HAY PERSONAS QUE LLEVAN AÑOS CORRIENDO
Hay personas que llevan diez años intentando conseguir un puesto.
Diez años esperando reconocimiento.
Diez años buscando crecer profesionalmente.
Diez años tratando de construir un negocio.
Diez años intentando mejorar una relación.
Diez años buscando estabilidad económica.
Diez años intentando demostrar su valor.
Y cada año dicen:
“Ahora sí.”
Pero cambian los calendarios…
y no cambian las estrategias.
Entonces aparece una pregunta:
¿Cuántos años llevas persiguiendo el mismo objetivo con la misma mentalidad?
Porque el tiempo por sí solo no transforma.
El tiempo solamente pasa.
Lo que transforma es lo que hacemos con lo que aprendemos mientras el tiempo pasa.
LA EXPERIENCIA NO SIEMPRE SIGNIFICA APRENDIZAJE
Esta es otra idea incómoda.
Tener muchos años haciendo algo no necesariamente significa tener muchos años de experiencia.
Podrías tener:
20 años de experiencia.
Pero también podrías tener:
1 año de experiencia repetido 20 veces.
La diferencia está en la capacidad de observar, aprender, cuestionar y modificar.
La experiencia verdadera no consiste solamente en repetir.
Consiste en integrar lo vivido y cambiar a partir de ello.
El Coyote tuvo innumerables experiencias.
Pero pareciera que no siempre convirtió esas experiencias en aprendizaje estratégico.
Cada fracaso debería haberle dado información.
Cada caída debería haberle revelado algo.
Cada intento fallido debería haber modificado su siguiente decisión.
Pero muchas veces el fracaso simplemente se convirtió en combustible para volver a intentarlo de la misma manera.
Y eso también sucede en las organizaciones.
En los equipos.
En los negocios.
En las carreras profesionales.
Y en nuestra propia vida.
EL FRACASO NO SIEMPRE TE ESTÁ DICIENDO “INTENTA OTRA VEZ”
A veces el fracaso dice:
“Cambia la estrategia.”
A veces dice:
“Aprende algo.”
A veces dice:
“Esto ya no funciona.”
A veces dice:
“Estás persiguiendo el objetivo equivocado.”
Y algunas veces incluso dice:
“Deja de perseguirlo.”
Pero hemos romantizado tanto la perseverancia que podemos llegar a interpretar cualquier señal de fracaso como una invitación a insistir.
Y no siempre es así.
Hay momentos en los que insistir es valentía.
Y hay momentos en los que detenerse es inteligencia.
La inteligencia emocional consiste, entre muchas otras cosas, en poder distinguir la diferencia.
¿CUÁNDO PERSISTIR Y CUÁNDO CAMBIAR?
Esta pregunta debería formar parte de cualquier proceso serio de liderazgo.
Porque un líder no solamente necesita motivar a su equipo para seguir adelante.
También necesita tener la capacidad de decir:
“Alto.”
“Esto no está funcionando.”
“Necesitamos revisar.”
“Tenemos nueva información.”
“Tenemos que cambiar.”
“Quizá el objetivo sigue siendo correcto, pero el camino ya no.”
Eso requiere algo que muchas veces confundimos con debilidad:
humildad.
Porque cambiar de estrategia implica aceptar que la estrategia anterior no funcionó.
Y nuestro ego muchas veces prefiere defender lo que ya hizo antes que reconocer que necesita cambiar.
EL EGO TAMBIÉN PUEDE CONVERTIRSE EN UNA TRAMPA
Hay personas que continúan persiguiendo una meta no porque todavía la quieran profundamente, sino porque llevan demasiado tiempo diciendo que la quieren.
Y ahora renunciar parece una derrota.
Entonces siguen.
Aunque ya no disfrutan.
Aunque ya no tienen energía.
Aunque el objetivo dejó de tener sentido.
Aunque su vida se quedó detenida alrededor de una persecución.
¿Por qué?
Porque cambiar significaría admitir:
“Quizá estaba equivocado.”
Y no todas las personas tienen la inteligencia emocional para tolerar esa frase.
Un líder verdaderamente consciente necesita poder decir:
“Me equivoqué.”
“Esto no funcionó.”
“Necesito ayuda.”
“Necesito otra perspectiva.”
“Necesito cambiar.”
Eso no disminuye el liderazgo.
Lo profundiza.
Y AQUÍ APARECE OTRA PREGUNTA: ¿QUÉ PASA SI FINALMENTE LO LOGRAS?
Imaginemos por un momento que el Coyote finalmente atrapa al Correcaminos.
Después de años.
Después de cientos de intentos.
Después de golpes.
Después de fracasos.
Después de frustraciones.
Finalmente lo alcanza.
Lo consigue.
¿Y ahora qué?
Esta pregunta puede parecer absurda.
Pero en realidad es una de las preguntas más importantes que podemos hacernos en la vida.
¿Qué harás cuando consigas aquello que llevas tantos años persiguiendo?
Porque algunas personas han construido toda su identidad alrededor de una meta.
“Cuando tenga eso…”
“Cuando llegue ahí…”
“Cuando gane…”
“Cuando consiga…”
“Cuando sea reconocido…”
“Cuando tenga dinero…”
“Cuando tenga ese puesto…”
“Cuando tenga esa empresa…”
“Cuando alcance ese nivel…”
Y entonces viven permanentemente en el futuro.
Hasta que un día llegan.
Y descubren algo inesperado:
Llegar no resolvió quiénes eran.
EL VACÍO DESPUÉS DE LA META
Existe una paradoja del éxito.
A veces pasamos tantos años pensando en llegar que nunca aprendemos a vivir cuando llegamos.
Y entonces aparece una sensación extraña:
“¿Y ahora qué?”
La meta era tan grande que ocupaba todo el horizonte.
Pero cuando desaparece, aparece el vacío.
Esto sucede porque confundimos dirección con destino.
Una meta puede decirnos hacia dónde caminar.
Pero no necesariamente nos dice quién queremos ser mientras caminamos.
Y tampoco nos dice qué queremos construir después.
Por eso una vida con propósito necesita algo más que objetivos.
Necesita significado.
NO ES LO MISMO ALCANZAR UNA META QUE CONSTRUIR UNA VIDA
Puedes alcanzar una posición y no sentir realización.
Puedes ganar dinero y no saber disfrutarlo.
Puedes construir una empresa y perder tu vida personal.
Puedes obtener reconocimiento y seguir sintiéndote insuficiente.
Puedes cumplir el sueño que perseguías durante años y descubrir que ya no eres la persona que soñó con él.
Por eso hay una pregunta que deberíamos hacernos mucho antes de alcanzar nuestras metas:
¿Quién quiero ser cuando llegue?
Y todavía hay otra:
¿Qué quiero hacer con mi vida después de conseguirlo?
EL COSTO OCULTO DE LLEGAR TARDE
Aquí está una de las reflexiones más profundas.
A veces sí logramos nuestra meta.
Pero llegamos demasiado cansados para disfrutarla.
Construimos el negocio.
Pero perdimos la salud.
Conseguimos el puesto.
Pero perdimos nuestras relaciones.
Conseguimos dinero.
Pero olvidamos cómo disfrutarlo.
Logramos reconocimiento.
Pero vivimos dependiendo de la aprobación externa.
Alcanzamos aquello que queríamos…
pero perdimos partes de nosotros mismos en el camino.
Entonces la pregunta ya no es simplemente:
“¿Voy a conseguirlo?”
La pregunta es:
“¿A qué costo?”
EL LIDERAZGO TAMBIÉN CONSISTE EN SABER CUÁNDO PEDIR AYUDA
Hay una idea que necesitamos cambiar.
Pedir ayuda no significa que no puedas.
Significa que reconoces que no tienes que descubrirlo todo solo.
Un mentor.
Un coach.
Un consultor.
Un especialista.
Un equipo.
Una persona con experiencia diferente.
Puede ayudarte a identificar algo que tú, desde dentro del problema, no puedes ver.
Porque cuando llevas demasiado tiempo corriendo detrás del mismo objetivo, puedes terminar tan acostumbrado al camino que ya no ves otras rutas.
Y ahí aparece el valor de una mirada externa.
No para caminar por ti.
No para decidir por ti.
Sino para ayudarte a hacer mejores preguntas.
LA ESTRATEGIA PUEDE AHORRARTE AÑOS
Imagina dos personas con el mismo objetivo.
Una decide correr.
Corre más.
Trabaja más.
Insiste más.
Se esfuerza más.
La otra se detiene.
Analiza.
Pregunta.
Investiga.
Busca mentoría.
Evalúa sus recursos.
Identifica sus fortalezas.
Reconoce sus debilidades.
Diseña una estrategia.
Prueba.
Mide.
Corrige.
Vuelve a probar.
Ambas pueden tener la misma determinación.
Pero no necesariamente tendrán el mismo camino.
Porque esfuerzo sin dirección puede convertirse en desgaste.
La estrategia no elimina el esfuerzo.
Lo hace más inteligente.
NO NECESITAS CORRER MÁS RÁPIDO SI ESTÁS CORRIENDO EN LA DIRECCIÓN EQUIVOCADA
Esta frase resume gran parte del problema.
Vivimos en una cultura que premia estar ocupados.
“Estoy trabajando muchísimo.”
“Estoy haciendo todo.”
“No paro.”
“Estoy dando el 100%.”
Pero estar ocupado no es necesariamente avanzar.
Puedes estar corriendo a toda velocidad…
en dirección contraria.
Y nadie se detiene a preguntarte:
“¿Hacia dónde vas?”
Por eso, antes de preguntarnos:
“¿Cuánto más puedo esforzarme?”
deberíamos preguntar:
“¿Tiene sentido seguir haciéndolo de esta manera?”
EL VERDADERO LIDERAZGO NO ES SOLO RESISTIR
Resistir es importante.
Pero no suficiente.
Un líder necesita:
visión para imaginar,
estrategia para avanzar,
inteligencia emocional para adaptarse,
humildad para pedir ayuda,
disciplina para ejecutar,
flexibilidad para cambiar, y
conciencia para saber cuándo detenerse.
Porque liderar no significa solamente avanzar.
A veces significa detenerse para no seguir avanzando hacia el lugar equivocado.
Y QUIZÁ AQUÍ ESTÁ LA GRAN LECCIÓN DEL COYOTE
Tal vez no necesitamos dejar de ser perseverantes.
Necesitamos aprender dónde poner nuestra perseverancia.
Persiste en tus valores.
Persiste en tu propósito.
Persiste en aquello que verdaderamente tiene significado para ti.
Pero permite que tus estrategias evolucionen.
Porque una estrategia que funcionó hace cinco años puede no funcionar hoy.
Una forma de liderar que funcionó con un equipo puede no funcionar con otro.
Una manera de vender puede dejar de funcionar.
Una estructura empresarial puede volverse obsoleta.
Una meta que parecía importante a los 30 puede dejar de tener sentido a los 50.
Y eso no significa fracaso.
Significa que estás vivo.
Que estás aprendiendo.
Que estás evolucionando.
¿Y SI EL CORRECAMINOS NO ERA EL PROBLEMA?
Esta pregunta me parece todavía más poderosa.
Durante toda la caricatura, el Coyote parecía convencido de que su problema era el Correcaminos.
Pero…
¿Y si el verdadero problema nunca fue el Correcaminos?
¿Y si el problema era la obsesión por atraparlo?
¿Y si había un mundo entero más allá de esa persecución?
¿Y si el Coyote tenía otras capacidades?
¿Y si podía construir algo?
¿Crear algo?
¿Descubrir algo?
¿Vivir algo?
¿Pero nunca lo hizo porque estaba demasiado ocupado persiguiendo?
¿Cuántas veces hacemos exactamente lo mismo?
HAY PERSONAS QUE ESTÁN TAN OCUPADAS ALCANZANDO QUE OLVIDARON VIVIR
Y esta quizá sea la pregunta más incómoda de todas.
¿Qué estás persiguiendo?
¿Por qué lo estás persiguiendo?
¿Todavía lo quieres?
¿O simplemente llevas demasiado tiempo diciéndote que lo quieres?
¿Tu estrategia está funcionando?
¿Qué evidencia tienes?
¿Qué necesitas cambiar?
¿Qué estás sacrificando?
¿Cuánto te está costando?
¿Qué pasará si lo consigues?
¿Y qué pasará si no lo consigues?
Y quizá la pregunta más importante:
¿QUIÉN TE ESTÁS CONVIRTIENDO MIENTRAS PERSIGUES TU META?
Porque al final, quizá la verdadera victoria no sea atrapar al Correcaminos.
Quizá sea llegar a tu objetivo sin convertirte en alguien que ya no sabe disfrutarlo.
NO SE TRATA DE RENDIRSE
Quiero ser muy clara:
Esto no es una invitación a abandonar tus sueños.
No.
Es una invitación a dejar de confundir persistencia con repetición.
A veces tienes que seguir.
A veces tienes que cambiar.
A veces tienes que esperar.
A veces tienes que pedir ayuda.
A veces tienes que reinventarte.
Y algunas veces tienes que aceptar que aquella meta que perseguías dejó de representar a la persona en la que te has convertido.
Eso también es inteligencia emocional.
QUIZÁ NO NECESITAS MÁS MOTIVACIÓN
Quizá necesitas una conversación honesta contigo.
No otra frase motivacional.
No otro curso.
No otro libro.
No otro video diciéndote:
“¡Tú puedes!”
Tal vez necesitas sentarte frente a ti mismo y preguntarte:
¿Qué estoy haciendo?
¿Por qué lo estoy haciendo?
¿Qué resultado estoy obteniendo?
¿Qué no estoy queriendo ver?
¿Qué tendría que cambiar?
¿Qué necesito aprender?
¿A quién necesito pedir ayuda?
¿Qué quiero realmente?
Y, sobre todo:
Si mañana lograra todo aquello que hoy estoy persiguiendo… ¿sabría qué hacer con mi vida?
Si la respuesta es “no sé”…
quizá esa sea la conversación que necesitas comenzar.
PORQUE EL ÉXITO NO ES SOLAMENTE LLEGAR
El verdadero desafío no es únicamente alcanzar una meta.
Es construir una vida en la que valga la pena llegar a ella.
No quiero solamente enseñarte a correr más rápido.
Quiero ayudarte a preguntarte:
¿Hacia dónde estás corriendo?
¿Por qué?
¿Con qué estrategia?
¿A qué costo?
¿Y qué quieres encontrar cuando finalmente llegues?
Porque quizá el mayor acto de liderazgo no sea decir:
“Nunca me rendiré.”
Quizá sea tener el valor de decir:
«“No voy a rendirme con mi propósito, pero sí estoy dispuesto a cambiar la manera de llegar.”»
Y ahí comienza la verdadera transformación.
UNA ÚLTIMA PREGUNTA
Piensa por un momento en tu propio Correcaminos.
Ese objetivo que llevas años persiguiendo.
Ese ascenso.
Ese negocio.
Ese proyecto.
Ese reconocimiento.
Ese ingreso.
Esa relación.
Ese sueño.
Esa versión de ti que algún día quieres alcanzar.
Ahora pregúntate:
¿Estoy avanzando… o solamente estoy corriendo?
Porque son cosas completamente diferentes.
Y quizá hoy no necesites correr más.
Quizá necesites detenerte.
Observar.
Respirar.
Replantear.
Diseñar.
Pedir ayuda.
Cambiar de estrategia.
Y volver a caminar.
Pero esta vez con dirección.
Porque persistir es poderoso.
Pero persistir con conciencia…
es liderazgo.
Y recuerda:
No quiero ayudarte solamente a alcanzar tus metas.
Quiero ayudarte a construir la estrategia, la conciencia y la inteligencia emocional necesarias para que, cuando llegues, todavía tengas la energía, el propósito y la vida para disfrutar aquello que tanto perseguiste.
Elizabeth Frías
Mentora Estratégica en Liderazgo e Inteligencia Emocional




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