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Rosarito ante el cambio: ¿más impuestos, más control o mejores servicios?

5 oct
4 min de lectura

Rosarito ante el cambio: ¿más impuestos, más control o mejores servicios?


Por Eli Frías

Mentora Estratégica en Liderazgo Empresarial e Inteligencia Emocional


Hay conversaciones políticas que terminan cuando se apagan los micrófonos.


Y hay otras que apenas comienzan.


Esta semana tuve la oportunidad de participar por primera vez en una reunión del Club de Prensa de Rosarito, donde escuché al representante de Movimiento Ciudadano, Salvador Sánchez, hablar sobre algunos de los principales problemas que enfrenta el municipio.


La conversación formal giró alrededor de temas políticos y de gobierno. Pero al terminar, quise llevar la conversación a otro terreno: ¿qué significan esas propuestas para el ciudadano que todos los días tiene que pagar impuestos, mantener un negocio, buscar seguridad y sobrevivir a una economía que está cambiando?


Y ahí aparecieron tres palabras que, desde mi perspectiva, merecen especial atención:


impuestos, seguridad y transformación económica.


El predialazo: cuando el impuesto deja de ser solamente una cifra


Uno de los principales señalamientos de Movimiento Ciudadano fue el llamado “predialazo”.


La propuesta que plantea Salvador Sánchez, en caso de llegar al gobierno, sería buscar una modificación responsable al impuesto predial y revisar también los costos de permisos municipales.


Pero hay una pregunta que considero todavía más importante:


¿Qué está recibiendo el ciudadano a cambio de lo que paga?


Porque el problema no necesariamente es solamente pagar impuestos.


El verdadero problema aparece cuando el ciudadano paga y no percibe que ese dinero se traduzca proporcionalmente en mejores calles, seguridad, infraestructura, recolección de basura, servicios públicos o espacios dignos.


En términos de liderazgo, existe un principio elemental:


la autoridad también construye confianza a través de resultados visibles.


Cuando los resultados no llegan, la relación entre ciudadano y gobierno comienza a deteriorarse.


Y cuando esa confianza se pierde, incluso un impuesto técnicamente necesario puede convertirse en un detonador de inconformidad social.


El otro rostro de la economía: la informalidad


Durante la conversación apareció otro fenómeno que no debería pasar desapercibido: la informalidad.


Un pequeño comerciante, un adulto mayor que vende productos para sostenerse o un emprendedor que comienza con muy poco capital no vive la economía desde una hoja de cálculo.


La vive desde la pregunta:


“¿Cuánto me queda después de pagar todo?”


Cuando los costos de formalizarse resultan demasiado altos para determinados sectores, la informalidad puede convertirse en una alternativa de supervivencia.


Y aquí existe una paradoja.


El gobierno necesita recaudar.


El empresario necesita sobrevivir.


El trabajador necesita empleo.


Y el ciudadano necesita servicios.


Si cada parte solamente observa su propia necesidad, el sistema termina convirtiéndose en una especie de círculo vicioso.


Por eso, más que hablar únicamente de cobrar más o cobrar menos, habría que empezar a hablar de cómo construir un modelo donde formalizarse sea viable y atractivo, no una carga imposible para quien apenas comienza.


¿Y qué ocurrirá cuando la economía sea cada vez más digital?


Este fue uno de los puntos que más me interesó preguntar.


El mundo está avanzando hacia una economía donde las transferencias, tarjetas y otros medios electrónicos tienen cada vez mayor presencia. Eso implica mayor trazabilidad de las operaciones y, potencialmente, una mayor capacidad de las autoridades para identificar ingresos y recaudar impuestos.


Para quien tiene un negocio formal, puede significar adaptación.


Pero para el pequeño comerciante puede significar algo mucho más profundo.


Imaginemos al adulto mayor que vende verduras, al pequeño puesto familiar o al comerciante que vive de sus ventas diarias.


La pregunta no debería ser únicamente:


“¿Cómo vamos a cobrarle?”


También deberíamos preguntarnos:


“¿Cómo vamos a ayudarlo a incorporarse a la nueva realidad económica sin dejarlo fuera del sistema?”


Porque digitalizar una economía no significa automáticamente modernizarla.


También hay que preparar a las personas para ese cambio.


Seguridad: no solamente patrullas, también confianza


El segundo gran reto señalado fue la seguridad.


Y aquí apareció algo que me parece particularmente importante: recuperar la confianza en la propia corporación policial.


Una ciudad segura no depende exclusivamente de tener más patrullas.


También necesita instituciones en las que sus propios elementos puedan confiar, ciudadanos que se atrevan a denunciar y una estrategia que ataque problemas concretos.


Uno de ellos es la violencia familiar.


La propuesta de contar con espacios seguros para mujeres que viven situaciones de violencia puede parecer sencilla, pero precisamente ahí está su valor: hay acciones que no requieren esperar a tener todo el poder para comenzar a impulsarlas.


La política también debería medirse por su capacidad para transformar problemas concretos en acciones concretas.


El verdadero desafío no es recaudar más. Es generar confianza.


Después de escuchar la conversación, me quedo con una reflexión que va más allá de Movimiento Ciudadano.


Porque esto no debería ser solamente una discusión entre partidos.


Es una discusión sobre el modelo de ciudad que queremos construir.


Rosarito está creciendo.


La economía está cambiando.


La tecnología está modificando la manera en que compramos, vendemos y pagamos.


Los pequeños negocios enfrentan presiones cada vez mayores.


Y el ciudadano comienza a exigir algo que debería ser básico:


que sus impuestos regresen en forma de bienestar.


Desde la perspectiva del liderazgo, una organización —y un gobierno también lo es— no puede pedir confianza indefinidamente sin demostrar resultados.


Por eso, quizá la pregunta que debemos hacer a todos los partidos y a todos los aspirantes no es solamente:


“¿Qué van a hacer?”


La pregunta debería ser:


“¿Cuánto va a costar, cuándo lo van a hacer y cómo vamos a saber que realmente funcionó?”


Porque Rosarito no necesita únicamente discursos nuevos.


Necesita decisiones responsables, instituciones confiables y resultados que puedan verse en la vida cotidiana.


Y como ciudadanos, también nos corresponde dejar de escuchar únicamente promesas y comenzar a exigir algo mucho más sencillo:


claridad, responsabilidad y resultados.


En resumen : La pregunta no es solamente ¿cuánto vamos a pagar, sino qué vamos a recibir a cambio?.


Por Eli Frías

Mentora Estratégica en Liderazgo Empresarial e Inteligencia Emocional


 
 
 

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© 2010 by Eli Frías | Directora de  procesos de liderazgo & empresarial

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